lunes, 30 de mayo de 2011

RÉGIMEN DE VISITAS Y ADOLESCENTES

Cuando se dicta una sentencia de separación o de divorcio, o de medidas paterno filiales en el supuesto de parejas de hecho, existiendo hijos menores de edad, una de las medidas que debe contener la sentencia es la de fijar un régimen de visitas mínimo a favor del progenitor no custodio.

Dicho régimen de visitas no es solamente un derecho del no custodio, sino también para él,  un deber, una obligación que este debe cumplir en los términos expresados en la sentencia, como cualquier otro pronunciamiento de la misma.   No es que el no custodio pueda elegir qué días u horas ver a su hijo, sino que, en defecto de acuerdo de ambos progenitores, ambos, también el no custodio, deberán cumplir lo establecido en la sentencia que se haya dictado en vía contenciosa o bien a través de un Convenio Regulador y estar con sus hijos en los días y horas establecidos en la sentencia.  

La mayoría de los divorcios y separaciones ocurren cuando los hijos aún son pequeños, y el régimen de visitas que se establece en la sentencia está detallado en cuanto a los días y horas que deben tener a sus hijos. 

Cuando el régimen de visitas se incumple por alguno de los progenitores, el otro puede solicitar al juez la ejecución de la sentencia en los términos fijados, y el juez puede acordar medidas efectivas tales como la imposición de multas,  la fijación de una indemnización a favor del progenitor perjudicado por ese incumplimiento de una obligación personalísima de hacer, y algunas otras más en el caso de que el incumplimiento sea reiterativo.  

¿Pero y si quien decide no cumplir el régimen de visitas impuesto en la sentencia es el hijo?   Es a los padres a quien se les impone la obligación de relacionarse con sus hijos, no a estos.

Y claro, cuando hablamos de los derechos de los menores, pensamos en bebés, criaturas inocentes de 5 años que van al colegio y hacen lo que sus padres les mandan, pero también son menores los chicos y chicas de 14 ó 15 años,  más altos que sus padres y acostumbrados a hacer prácticamente lo que les da la gana.  Y no digamos ya los de 17 años, ¡casi mayores de edad!.

La negativa de los adolescentes a relacionarse con alguno de sus progenitores puede deberse a muchos motivos, pero resumiendo: 

Puede ser que cuando se divorciaron sus padres ellos fueran pequeños, y el régimen de visitas que se acordó en su momento en la sentencia, ahora ya no les haga mucha gracia y no la quieran cumplir.    ¿Cómo van a pasar un fin de semana desde el viernes a la salida del instituto hasta el domingo a las 20 horas con su padre y el siguiente con su madre en los mismos términos?  No lo harán, simplemente porque están en la edad de pasar de ambos progenitores y no están por la labor de pasar un finde con el que corresponda cuando tienen una panda de amigos esperándoles para ir de marcha.    En este caso lo más aconsejable será acudir a un procedimiento de modificación de medidas, de mutuo acuerdo o en su falta, contencioso, a fin de que la sentencia garantice la estancia de los hijos con el progenitor no custodio en fines de semana y vacaciones, pero sin fijar horarios ni días determinados, sino derivando esas estancias a los acuerdos que tengan lugar entre el progenitor con su hijo adolescente.

Pero puede que aunque el régimen de visitas sea muy flexible, el menor no quiera ver o estar con el progenitor no custodio.  ¿Cómo se obliga a un chico o chica de 16 años a estar con su progenitor si no quiere?  No se puede.  A ese chico o chica le va a dar igual que el juez diga A o B, va a pasar de sus padres, del Fiscal y del Juez.   Es inútil que el padre, por ejemplo, que quiera estar con su hijo en los momentos o días o vacaciones que establece la sentencia, recurra a interponer una demanda de ejecución de sentencia para que se cumpla en los términos establecidos, porque no se cumplirá.   Hay jueces que despachan la ejecución solicitada, pero no es razonable y solo conllevará más rencor y resentimiento entre las partes inútilmente, porque quien está decidiendo no es ninguno de los progenitores, sino el hijo.   No hay nada que hacer.  Lo más aconsejable sería acordar la suspensión del régimen de visitas, y esperar a que el tiempo haga madurar al hijo y retome la relación con su progenitor.

Pero también puede suceder que ese adolescente no quiera ir o estar con el progenitor no custodio porque este le haya hecho sufrir, porque haya presenciado episodios de violencia física o psíquica, porque él mismo haya sido víctima de abusos sexuales o maltrato infantil, o porque no le gusta su conducta, su forma de ir por el mundo,  porque bebe,  etc.   Ese menor adolescente tendrá realmente motivaciones de peso para no querer ver ni oír a su progenitor.  Y si tras la prueba practicada, tales como informes psicosociales, forenses, exploración judicial a los mayores de 12 años, etc., se advierte que ese menor tienen una real y justificada animadversión hacia ese progenitor al que se niega a ver, el juez no debe despachar una ejecución en estas circunstancias, porque deberá proteger por encima de todo la estabilidad emocional de este menor, y acordar la suspensión del régimen de visitas.